Alcoholismo y desintegración familiar. (A ver qué opinan).

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Alcoholismo y desintegración familiar. (A ver qué opinan).

Mensaje  José Raúl Herrera Ramírez el Mar Oct 21, 2008 2:56 pm


(Ensayo escrito para la clase de "Psicología social". Dedicado al amigo y maestro; licenciado Roberto Guzmán.)




Desde que se tiene registro histórico, el ser humano ha recurrido a la ingestión deliberada de sustancias que provocan alteraciones en la conciencia. Este hecho dio lugar a que ciertas bebidas fueran llamadas “espirituosas” debido a que la creencia común, arraigada quizá en el inconsciente colectivo de los pueblos, es que sus efectos fisiológicos tienen relación con estados de ánimo deseados, que van desde la desinhibición hasta el embotamiento, y que dichos efectos se deben, al menos en parte, al “espíritu” o “fuerza” de la droga

Para fines “espirituales”, sociales, de supervivencia o meramente recreativos, el hombre ha hecho del alcohol en sus diversas formas, un compañero asiduo. Con él comulga con sus dioses, olvida o intenta olvidar sus penas, su vacuidad existencial y las miserias sociales. Se cura sus heridas físicas y hasta es integrante de recetas de alta cocina. Ha salvado de la hipotermia a algún viajero desventurado y dotado de inspiración a artistas inolvidables. Si dueño es de tantas y tan versátiles facetas, ¿tendrá una cara oscura?

El beber alcohol se ha relacionado con una de las enfermedades más letales de la historia; el alcoholismo. Es aquí donde se encuentra la primera diferenciación: no todo el que consume alcohol es alcohólico, y no todo alcohólico consume alcohol.

Para entender esta aparente contradicción, habrá que establecer primero lo que es la tristemente célebre enfermedad del alcoholismo.

La OMS ha definido a la patología como “una enfermedad incurable, progresiva y mortal por sus consecuencias”. Se manifiesta a través de la obsesión por beber alcohol, a fin de disfrutar de sus efectos, y de la compulsión por lograr tales efectos; misma que puede llegar al crimen si es necesario.

Su etiología y curso se encuentran en los tres aspectos vitales del paciente: el biológico, el psicológico y el social.

El aspecto biológico se refiere a una predisposición genética hacia la enfermedad. Esta teoría es cada vez más aceptada y ha dado lugar a la “búsqueda del gen del alcoholismo” en investigaciones tan importantes como la del “proyecto del genoma humano.”

El psicológico alude a la manifestación de un Yo debilitado, atrofiado en casos graves. El paciente no tiene las suficientes defensas para manejar el estrés, tolerar la frustración y adaptarse de forma adecuada ante los cambios. Vive anclado en su fase oral, -según la teoría del desarrollo psicosexual de Freud-. Padece distorsiones perceptivas y a medida que su salud física y mental va deteriorándose, llegará a condiciones más graves, como neurosis histéricas, síndrome de Korzakoff, trastornos delirantes, amnesias localizadas y trastornos paranoides.

En el ámbito social, puede observarse al alcoholismo como una conducta aprendida, que se adquiere por imitación. Por otro lado, se debe tomar en cuenta factores como la falta de educación, la economía insuficiente y un ambiente general de marginación que podría predisponer al individuo a “refugiarse en el alcohol” aunque este último hecho no determina, sí influye en el proceso prodrómico de la enfermedad.

El paciente alcohólico mantiene un deterioro gradual en las tres áreas mencionadas, llegando en casos graves a requerir hospitalización, ser ingresado a la cárcel por delitos relacionados y finalmente a la muerte social, espiritual o física.

El proceso es gradual e inexorable. Además, como la enfermedad es incurable, hasta el momento no se cuenta con una medida psicoterapéutica o médica que ofrezca dicha posibilidad. Las alternativas actuales tienden a permitir al paciente el control de la enfermedad, y de forma más efectiva, resaltan las medidas de prevención.

En contraposición, se debe observar al individuo sano, que hace uso de las bebidas alcohólicas como medio de convivencia social y fines recreativos. Existen personas que han bebido alcohol de esa manera durante toda su vida, y esto jamás ha supuesto un problema biopsicosocial para ellos, ¿cuál sería la diferencia entonces, entre un bebedor social y un enfermo de alcoholismo?

En este ensayo se proponen los siguientes indicadores:

• Obsesión y compulsión incontrolables que sólo se calman con la ingesta de alcohol.
• Deterioro en las relaciones sociales.
• Deterioro en la salud física.
• Falta de capacidad adaptativa, conducta antisocial, sentimientos de culpa, soledad, minusvalía y agresividad constantes. Puede haber delirios de grandeza, conducta esquizotípica, limítrofe y ciclotímica. Ansiedad generalizada.
• Las manifestaciones de la enfermedad pueden darse antes de tener contacto con el alcohol, en periodos de abstinencia y durante la fase activa.
• El cuadro es incurable, progresivo y mortal.


Es relevante mencionar que en todos los casos, beber alcohol supone una estrategia de afrontamiento por parte del paciente, quien llega a depender de esta física, mental y socialmente.

Una de las consecuencias más trágicas de la enfermedad es su impacto en el círculo familiar. Basta observar cualquier diario nacional para darse cuenta de cómo influye esta en un sin número de problemas sociales que tienen como común denominador a la familia. Los resultados son devastadores: hijos desnutridos física y afectivamente hablando, esposas violentadas, pobreza, enfermedades y muerte.

En una observación naturalista que se realizó en el “Grupo de 24 horas de Alcohólicos Anónimos Juchitán”, -centro antialcohólico sin fines de lucro, que mantiene un albergue para pacientes alcohólicos-, resaltó el notable hecho que la mayoría de los ingresados habían perdido a su familia o estaban en proceso de desintegración familiar. Más del noventa por ciento de los internos compartían esta característica.

La tendencia anterior ha sido observada en por lo menos diez de estos grupos, quedando por realizar una investigación que encuentre las correlaciones y las confirme.

Sin embargo, es posible afirmar dos cuestiones importantes; el alcoholismo como factor incidente en la desintegración familiar es una realidad, y esta realidad no ha sido lo suficientemente bien abordada por los organismos gubernamentales responsables.

La compleja problemática que representa la enfermedad del alcoholismo, requiere de un tratamiento multidisciplinario que debe incluir autoridades políticas, psicólogos, grupos de autoayuda, médicos, sacerdotes o ministros, trabajadores sociales y en casos necesarios, psiquiatras.

Las medidas tomadas deben ir en dos sentidos al menos; la rehabilitación del paciente y la de los familiares. Es desolador notar cómo en algunos casos un paciente deja de beber, para después encontrarse sin herramientas ni estrategias que le permitan reintegrar o mantener el vínculo familiar, pues sus allegados se encuentran tanto o más afectados que él mismo por la enfermedad.

Mencionar al alcoholismo como un síndrome contagioso puede ser aventurado, pero así valga sólo como metáfora, es posible observar tanto signos como síntomas y rasgos de él en los rostros y personalidades de esposas, hijos y familiares cercanos. Algunos de ellos desarrollarán a la larga la patología.

Una acción específica sintetiza prácticamente todo el trabajo que precisa el tratamiento de la enfermedad. Esta acción es la prevención. Las acciones preventivas difundidas en pacientes y familiares aportan la información necesaria para evitar la aparición o el progreso del alcoholismo y para que los familiares sepan a dónde pueden ocurrir en busca de ayuda cuando esta sea necesaria.

Una intervención de carácter informativo debe cumplir con los siguientes requisitos:


• Debe ser clara, precisa y fácil de entender por el gran público: un proyecto encaminado a la difusión de los riesgos que el alcoholismo supone, necesita ser claro, objetivo, con imágenes gráficas y lenguaje asequible a todo tipo de personas, pues es sabido que si bien, la pandemia no respeta condición social, intelectual o económica, en nuestro entorno la población más vulnerable es aquella que carece de preparación académica suficiente.
• Debe ser barata, y aprovechar la infraestructura existente: por razones económicas, se requiere un proyecto viable, que no represente gastos inabordables. La creatividad del diseñador representará la diferencia. Por otra parte, es imprescindible ocupar la infraestructura establecida como base. Los hospitales comunitarios, centros de salud, escuelas, iglesias y medios de comunicación son básicos.
• Debe estar orientada más a la sensibilidad que a la información general: saber qué es y cómo afecta el alcoholismo es más fácil que convencerse y decidirse a practicar la prevención. No basta pues informar, es necesario sensibilizar. Cuando una persona se conscientiza con respecto a un problema grave de salud como es el alcoholismo, está en condiciones de reaccionar favorablemente de dos maneras; poniéndose a salvo ella misma, practicando las medidas preventivas y; “empoderándose” de la información, para difundirla en su entorno social de manera efectiva y clara. En cuestión de alcoholismo, la prevención “es bueno difundirla, pero es mejor practicarla” (Calderón, 2008).
• Debe buscar la reducción o eliminación total del estigma y la discriminación: los grupos de 24 horas de Alcohólicos Anónimos sostienen un lema que parece enteramente descriptivo para este caso; “es importante recalcar que el alcoholismo no es un problema de vergüenza, sino de salud”. Poco hay que agregar en este rubro.
• Debe orientarse dentro del contexto cultural: por ejemplo, en Juchitán, Oaxaca, la sociedad ha recibido con beneplácito e integrado el consumo de la cerveza a diversas conmemoraciones sociales. La cultura es el marco por excelencia para poder establecer las correspondientes medidas. Un proyecto de información requiere ubicarse dentro del contexto cultural a fin de respetar la cosmogonía de la sociedad en cuestión, mientras se previene e informa sobre el problema.
• Debe ser parte de un programa a largo plazo: aunque un proyecto como el propuesto no puede sostenerse a sí mismo por un tiempo indefinido, es necesario que su instauración impacte lo mismo a la sociedad que a las autoridades, y de ser posible, sirva como modelo, a fin de que estas lleven a cabo una labor de seguimiento.
• En la medida de lo posible, debe formar parte de una investigación formal en relación al problema: no existen estadísticas correlacionares entre el alcoholismo y la desintegración familiar. Estos datos son importantes para el psicólogo social y o el estudiante, puesto que le permitirán entender a profundidad la situación y orientar futuros programas a la población estadísticamente vulnerable, así como facultarlo en materia de asesoría y capacitación.
• Debe incluir la sensibilización en niños, jóvenes y mujeres: no sólo porque generalmente estos estratos se ubican en la población vulnerable, sino también porque mientras más oportuna y temprana se de la sensibilización, mayores y más duraderos serán sus efectos a largo plazo.


En este sentido, los estudiantes universitarios de psicología del IESIT pueden cumplir la función de investigadores, promotores y capacitadores del proyecto propuesto. Además, si tomamos en cuenta el aspecto sensibilizador del tema, les ofrecerá la oportunidad de reforzar sus defensas en cuanto al alcoholismo se refiere, adoptando si lo desean, un estilo de vida sano que incluya responsabilidad ante el consumo de alcohol y otras drogas recreativas, así como aceptar la ayuda en los casos que sea necesario. La responsabilidad de trabajar en el área de salud mental incluye el rol de modelo a seguir en la sociedad, por lo que ningún esfuerzo encaminado a este propósito puede soslayarse.

En conclusión; un proyecto de información, basado en la sensibilidad y el empoderamiento de la información, que sea objetivo, incluyente y oportuno, además de basado en principios científicos y humanistas, así como orientado a la prevención de la enfermedad del alcoholismo, satisface una necesidad real y urgente dentro de la sociedad juchiteca.

La desintegración familiar se relaciona directamente con el alcoholismo, aunque se precisan de investigaciones formales para confirmar la hipótesis. En todo caso, prevención e investigación pueden realizarse simultáneamente, en virtud de la gravedad del problema.

No es éticamente aceptable cerrar los ojos ante una realidad que resulta tan costosa en recursos humanos y económicos para la sociedad juchiteca en particular, y oaxaqueña en general. Cualquier recurso destinado a reducir los efectos del alcoholismo en la persona y la familia será ampliamente recompensado en el corto y mediano plazo. Se considera pues, esta propuesta además de válida, urgente.


José Raúl Herrera Ramírez.

Juchitán, Oaxaca, México.

21 de Octubre del 2008.

José Raúl Herrera Ramírez

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